martes, 5 de junio de 2012

Evo considera "fácil borrar a la OEA" con qué sustituto, cual capital, dónde están los recursos. +dislates y estridencias (Harold Olmos)


Ahora ya saben

Cuando ocurrió la Cumbre Social Mundial en el mismo lugar donde desde el domingo se congrega la Asamblea Ordinaria de la OEA, muchos participantes extranjeros se refregaron los oídos y los ojos para estar seguros de que veían y escuchaban bien. El presidente Evo Morales les decía que comer carne de pollo provocaba trastornos metabólicos: que a las jóvenes les hacía crecer precozmente los senos, que volvía homosexuales a los hombres y que los europeos, de tanto comer pollo y otros alimentos con productos transgénicos, serían calvos en medio siglo más. Todo envuelto en un concepto sobre el que el mandatario ha martilleado desde que asumió la presidencia de Bolivia en 2006: hay que dar muerte al capitalismo. Es el mismo capitalismo al que simultáneamente le pide inversiones para la industria petrolera boliviana y le asegura que, si sus inversores vienen como socios, no patrones, tendrán en Bolivia toda la seguridad jurídica que necesiten.
Los asistentes a ese foro, muchos jóvenes extranjeros, deben haber retornado perplejos a sus países, por haber participado de una ceremonia exótica, en la que un presidente produce afirmaciones excusables por su ingenuidad, como la de los niños que creen que los relámpagos vienen de las cámaras fotográficas de los ángeles en el cielo.
El problema ha sido que los dislates y estridencias han pasado de excepción a regla de comportamiento. Y han continuado en progresión. Piedras con sexo, arrugas de los abuelos en vez de libros. Papalisa mejor que viagra. Este domingo, otra vez como anfitrión, el presidente ha fustigado a sus invitados, especialmente a dos de ellos: a Estados Unidos y a Chile. Para el primero ha utilizado un lenguaje muy parecido al que solía provenir del Ministro de Industrias de Cuba, Ernesto “Ché” Guevara, en tiempos de la Guerra Fría. Hasta hubo el saludo con el puño y brazo derechos en alto y el grito de “Patria o Muerte” que lo acompaña. Esta vez, con un ingrediente: la presencia de “sectores sociales” que con fuertes abucheos hicieron sentir su presencia sobre los delegados de Estados Unidos y de Chile e ignoraron las obligaciones de cortesía de todo anfitrión. Para Chile fueron aquellos sectores los que convirtieron la asamblea inaugural en un suplicio de silbidos y gritos.
Muchas balandronadas pasaban desapercibidas. Pero ahora han ocurrido ante una multitud de diplomáticos extranjeros. Con esta vivencia, cuando algunos bolivianos se quejen públicamente de violación de sus derechos o de amenazas, no será fácil ignorarlos. Tampoco se podrá cubrir los ojos ante la realidad que muestran los marchistas del TIPNIS. La Secretaria de Estado Clinton debe haber quedado satisfecha de haberse evitado el bochorno, lo mismo que el canciller chileno de no haber asistido a la cita inaugural, en la que el protocolo indicaba que se sentaría detrás del presidente Morales.
Al presidente le parece fácil hablar de borrar a la OEA del mapa. ¿Con qué la substituiría y dónde sería su sede? ¿Con ALBA/UNASUR y en Brasilia, en Caracas o en Quito? Parece que ignora la infinidad de organismos que depende de la que fuera, hace más de un siglo, la Unión Internacional de las Repúblicas Americanas (1890), para ser después Unión Panamericana (1910), muchísimo antes de la Guerra Fría que señaló como punto de partida para la gestación de la OEA (1947). Solo el presupuesto operativo de su oficina central en Washington representa unos 80 millones de dólares anuales.
Los resultados de esta asamblea para Bolivia aún no se han visto. Pueden venir a breve plazo. Pero el gobierno y el presidente Morales no serán más vistos como ejemplo de las mejores virtudes.

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