domingo, 2 de agosto de 2015

se advierte entusiasmo, casi un frenesí patriótico, en el texto que sigue de Carlos Mesa. glosa con propiedad la palabra de Francisco con relación a Chile, al MAR, a la Justicia. sin embargo de este sentimiento contagioso, debemos decir CUIDADO! NO ABUSAR DE FRANCISCO EN ESTE TRAJÍN DE PALABRAS. debemos ser cautos y no manosear la intervención papal en asunto tan delicado. ir con pies de plomo, aunque sobre seguro. si la Justicia está del lado boliviano, ésta debe brillar como el sol de mediodia!

“No es injusto que Bolivia anhele salida al mar”. “Todos los temas, por más espinosos que sean, tienen soluciones compartidas, tienen soluciones razonables, equitativas y duraderas”. Las palabras del papa Francisco inequívocamente favorables a la justa causa boliviana marcan uno de los hitos más relevantes de la compleja y turbulenta historia de las relaciones entre Bolivia y Chile.
Fue tal su impacto internacional que Chile no encontró mejor respuesta, al no poder cuestionar al Papa como lo hace cuando cualquier autoridad o país respalda nuestra reivindicación, que reflotar aquel golpe de efecto que buscó mi colega el presidente Lagos, ofrecer relaciones diplomáticas aquí y ahora. Pero, siempre hay un pero santiaguino en este asunto, la oferta era abrir relaciones sin condiciones.
Bolivia entendió que las palabras de Francisco planteaban un desafío a pesar de la naturaleza intrínseca de nuestra demanda ante la Corte de La Haya, que no es otra que la búsqueda de un diálogo. Es en ese contexto que se debe entender la respuesta del presidente Morales a la reacción chilena ante los vientos frescos que trajo el Papa. Morales fue muy claro, acepta reanudar relaciones diplomáticas inmediatamente sobre dos premisas tan claras como inexcusables: “estamos de acuerdo para restablecer la relaciones diplomáticas para que en menos de cinco años se resuelva el tema del mar para Bolivia, una salida al océano Pacífico con soberanía y con garante, el hermano papa Francisco”. Ojo. El Presidente fue muy claro, hablo de un garante, no de un mediador.
El Primer Mandatario hace una propuesta que toma en consideración los elementos centrales que dieron lugar a la ruptura de nuestras relaciones y que le dan sentido a su restablecimiento. No cabe duda de que hay muchísimos temas que justifican nuestro vínculo con Chile. En lo positivo los vinculados al comercio, el desarrollo económico, la complementariedad entre ambas naciones referidas a energía y agua, la potencialidad del desarrollo de zonas estratégicas entre ambos, etc. En lo complejo, cuestiones como el Lauca y el Silala. Pero es evidente, es una cuestión central que no requiere el menor análisis, que el corazón de nuestro desencuentro con Chile es el tema del mar. Una larga y frustrante historia de promesas y compromisos no cumplidos jalona la realidad de hoy. Es imposible pretender olvidarla cuando se encara la posibilidad de una normalización de nuestros vínculos.
La respuesta de Chile al Presidente tuvo dos características, su rapidez y su tono. Pruebas ambas de que la oferta de reabrir relaciones fue simplemente un golpe de efecto para aminorar la dimensión definitiva de la posición papal. Pero además esa respuesta está basada en una falta de voluntad política y en una falacia. La falta de voluntad política es evidente. No se puede pretender un diálogo cuya primera premisa sea no aceptar que el tema central por el que las relaciones están rotas no sea aceptado como cuestión central de ese restablecimiento. No se trata de abrir una negociación con precondiciones, pero si se trata de abrirlo sobre la premisa de que la cuestión básica de ese diálogo es negociar la demanda boliviana de un acceso soberano al Pacífico. La falacia fue expresada por el ministro Muñoz: “Bolivia está pidiendo el equivalente a lo que pide a la Corte. Es decir, a la Corte le pidió que Chile ceda soberanía”. No, ministro, Bolivia no le pide a la CIJ que Chile ceda soberanía. Bolivia le pide a la Corte un fallo que establezca que Chile tiene la obligación de negociar con Bolivia para que como resultado de esa negociación Bolivia obtenga un acceso soberano al mar. La demanda no es un capricho unilateral boliviano, ni un pedido de un fallo arbitrario de la Corte, es el producto de los reiterados compromisos incumplidos por Chile a lo largo de más de siete décadas de negociar con Bolivia para otorgarle un acceso soberano al Pacífico. En suma, lo que Bolivia le pide la Corte es abrir un diálogo sobre ese tema en particular.
Bolivia expresa, tanto en su demanda como en su oferta de relaciones, una real voluntad política de negociar. En el segundo caso, además, propone un garante, el más creíble en el mundo, el papa Francisco, para demostrar que el objetivo esencial de nuestra política exterior puede lograrse de buena fe y con la garantía de una personalidad que ha expresado su deseo de que el diálogo sea el camino principal para resolver este tema pendiente.
El ministro Heraldo Muñoz hace otra afirmación sorprendente: “las relaciones diplomáticas se restablecen para resolver problemas o diferencias, no se puede pretender que se resuelva el problema de alguna de las partes para luego restablecer relaciones”. El problema del mar es un problema de ambos países, todo el conjunto de nuestras relaciones bilaterales está condicionado a ese problema. Ambas naciones estamos en un juicio internacional a este propósito. ¿Desde cuándo ésta es la cuestión de una sola de las partes? Pero algo más. Estados Unidos y Cuba acaban de restablecer relaciones diplomáticas, ese restablecimiento se ha hecho sobre una premisa que Cuba ha dejado bien sentada, que es imprescindible una negociación para que Estados Unidos levante el bloqueo en el Congreso y devuelva Guantánamo a la soberanía cubana. Ambas cuestiones son perfectamente equiparables a la reivindicación marítima boliviana. A pesar de ello, las relaciones diplomáticas se han reanudado. Esa reanudación prevé la negociación sobre dos cuestiones muy sensibles y complejas. ¿Cabe alguna duda sobre si es posible una reanudación que contemple la negociación del tema marítimo como elemento principal?
Lo objetivo, lo que se demuestra de modo tangible es que Chile no quiere negociar porque no tiene la voluntad política de hacerlo.

El autor fue Presidente de la República.
http://carlosdmesa.com/