lunes, 16 de noviembre de 2015

Manfredo Kemppf se adentra en "la herencia de los líderes chilenos" que les dejaron los usurpadores de territorio ajeno a Perú y Bolivia para que resuelvan en el imposible entuerto. están ahí nertes sin atinar a una medida salvadora, mientras en el mundo crece la simpatía por la causa marítima boliviana

Chile no va a tener la amistad sincera de sus vecinos debido a su pasado expansionista y avasallador que han recibido como herencia los actuales chilenos, con la responsabilidad de arreglar los entuertos pasados. Haberle arrebatado Tarapacá y Arica a Perú y todo Atacama a Bolivia, dejándola en el más deplorable enclaustramiento, es algo difícil de explicar. Claro que la dirigencia chilena del siglo XIX sabía muy bien cuánto valían los territorios peruanos y bolivianos y decidieron arrebatarlos aunque fuera al precio de una guerra. Lo que le ha producido en beneficios económicos toda esa inmensa zona conquistada, bien valió la pena, aunque ahora Chile deba enfrentar situaciones incómodas que trata de solucionar por la vía diplomática.
El problema está en no querer reconocer los males producidos a sus vecinos del norte –sobre todo a Bolivia– y de insistir en que todo está resuelto y que Chile no le debe nada a nadie. Durante décadas los chilenos llegaron a afirmar que su país había ‘recuperado’ el desierto de Atacama. Es decir que no había despojado a Bolivia y que al no haberle quitado nada, nada tenía que devolverle. Estudiando la secundaria en Chile, país al que quiero mucho porque le dio asilo a mi padre, me quedaba pasmado por la forma como enseñaban la historia. Era una falsificación total de los hechos. Pero eso aprendían mis compañeros y los niños chilenos y esa idea falsa la mantienen.

Por eso este tema no tiene un destino que no sea el permanente enfrentamiento: Chile afirma que no piensa ‘regalarle’ a Bolivia ni un metro de su extenso litoral y Bolivia, que sabe que le fueron arrebatados 400 km de costa, no puede entender las avaras razones del vecino y protesta con razón. Seguiremos insistiendo en un puerto soberano en el Pacífico, por los siglos de los siglos. Tal vez cuando se oigan las trompetas del Apocalipsis, Chile ceda. Mientras tanto, hay que pleitear y quejarse en todas partes.

Eso de que Chile padece de geofagia, no deja de ser cierto. Si los argentinos se descuidaban un poco, ya les hubieran quitado medio país. Ambicionaban la Patagonia, que, según aprendí también en el colegio en Santiago, era chilena. No hay que olvidar que en los años 70, Chile estaba amenazado por Argentina, hasta que se destrabó el conflicto del Beagle y de la región de los hielos y los argentinos quedaron conformes. Ahora Chile no necesita hacer maniobras militares en el sur, sino en el norte, para amedrentar a sus dos vecinos que quedaron resentidos

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